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64.Ib. Semis de Ebusus.

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Reproducción de un Semis de Ebusus con el dios Bes en el anverso y una inscripción fenicia en el reverso. (VER DESCRIPCIÓN).

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Descripción

SEMIS DE EBUSUS.

Moneda: SEMIS.

Ceca. Ebusus. Ibiza. 200 – 100 a. C.

Material: Zamak

Inscripciones:

Anverso: Bes con maza y serpiente a la izquierda, letra fenicia Aleph.

Reverso: Leyenda fenicia en dos líneas Ybsm ( ) y marca de valor L

 

 

(Ibiza, Baleares).  La “ísla de Bes” fue fundada por los fenicios de Gadir en el siglo VIII a.C. en la zona de Sa Caleta. A mediados del siglo VI a.C. se instalaron numerosos colonos procedentes de Cartago.

Empezó a acuñar en la primera mitad del siglo III a.C.didracmas, hemidracmas, cuartos y octavos de calco bajo patrón púnico, y después semises. Siguió acuñando en época imperial hasta Claudio.

La ciudad de Ibiza se encuentra en la costa sur de la isla del mismo nombre, sobre una colina que domina una amplia bahía abierta hacia el sur, con un excelente fondeadero. La presencia fenicia se remonta al menos a mediados del s. VII a.C., cuando dos pequeñas factorías se crean en la costa sur: Sa Caleta y la ya citada de Ibiza (Ibosim). La primera fue abandonada medio siglo después, y la otra conocería un gran desarrollo a lo largo de los siguientes seiscientos años. Los colonos allí establecidos, procedentes sobre todo del sur peninsular, apoyaron las rutas estratégicas de navegación, tanto la este-oeste que desde la costa peninsular ganaba el Mediterráneo central vía las Baleares y Cerdeña, como la sur-norte que conectaba las factorías del sur con la actual Cataluña y el sur de Francia.

El comercio floreciente permitió una ocupación total de la isla (sin aparente población indígena) con vistas a una explotación intensiva de tipo agro-pecuario, ya que no existían recursos minerales de interés, salvo una pequeña mina de plomo argentífero, S’Argentera. Este fenómeno, que se desarrolla rápidamente sobre todo desde el s. IV a.C., permite la producción de importantes excedentes de aceite y vino que son exportados masivamente, sobre todo hacia la Península Ibérica, pero también a Mallorca y Menorca. Diodoro (V, 16) describe brevemente la isla, alaba sus lanas y concluye diciendo que la habitan bárbaros de todos los lugares, especialmente fenicios. En estos momentos fue cuando inició sus acuñaciones monetarias.

Este periodo de riqueza se ve parcialmente alterado por la Segunda Guerra Púnica, durante la cual Ibiza se alineó de manera efectiva con Cartago (Tito-Livio). La subsiguiente derrota no parece mermar al principio la economía isleña, y de hecho el s. II a.C. es uno de los más prósperos (yacimientos, producción). Pero en el I a.C. empieza una crisis, tal vez por la toma en mano de la región por Roma (conquista de las Baleares en el 123 a.C.), de la que sólo se recuperará temporalmente en el I d.C., en época augustea.

Los restos arqueológicos son muy numerosos, destacando los miles de tumbas excavadas en la necrópolis urbana del Puig des Molins y muchas también en ámbito rural, además de algunas granjas y santuarios, como el conocido de es Culleram. El desarrollo de la Arqueología preventiva desde los años 80 ha permitido tener un conocimiento relativamente detallado del urbanismo de Ibosim, tanto de las áreas residenciales como del barrio alfarero, que tuvo gran importancia.

Ebusus comenzó a acuñar monedas durante la primera mitad del siglo IV a.C., según se desprende del hallazgo de tres piezas de la fase inicial del taller (grupo III de Campo 1976), en un enterramiento de la necròpolis de Cabezo Lucero (Guardamar del Segura), con materiales arqueológicos de la primera mitad del siglo IV a.C. Desde entonces y hasta el reinado de Claudio I, mantuvo ininterrumpidamente su actividad, siendo la última ciudad de occidente en acuñar moneda local. Las emisiones de época imperial se distinguen de las anteriores por el uso de la escritura latina y/o la incorporación del retrato del emperador.

Las diferentes emisiones acuñadas a lo largo de más de cuatro siglos revelan la singularidad de la ceca en relación con la metrología, que se manifiesta en el estándar de pesos empleado y en las denominaciones emitidas. Del tipo de moneda acuñada, preferentemente fracciones de bronce (cuartos y octavos), se desprende que las autoridades de Ebusus promovieron la producción de moneda, principalmente, para satisfacer las necesidades locales de la población en pagos de reducido valor. No obstante, las monedas también tuvieron un uso ritual, pues se han encontrado en los santuarios de la isla y en las necrópolis rurales y del Puig des Molins, formando parte de los ajuares funerarios. Sólo las emisiones de plata del último tercio del siglo III a.C. se originaron en un contexto de financiación militar.

Las primeras emisiones fueron acuñadas en plata y en bronce, pero muy pronto dejó de producir monedas de plata, para centrarse durante más de un siglo en una continuada emisión de pequeñas monedas de bronce, cuya calidad y volumen fue variable. Las primeras emisiones de plata constan de tres denominaciones que identificamos como didracmas dracmas  4,73 g y dióbolos  1,57 g, pero la identidad de las denominaciones es un tema bastante debatido. Para Campo (2014: 138-139) se trataría de un patrón local de 10,23-10,69 g, elegido por su versatilidad, ya que sería fácilmente convertible con el shekel persa de 5,5 g, usado en diversas zonas del Mediterráneo, como fue el caso de Emporion. Este mismo patrón de ca. 10 g lo volvemos a encontrar en la producción de plata de finales del siglo III a.C., en el transcurso de la II Guerra Púnica, con el que acuñaron unas pocas dracmas (5,68 g;  2,82 g, partida) y un elevado número de hemidracmas (2,40-2,80 g). En la bibliografía reciente, nuestras hemidracmas vienen definidas como 1/3 de shekel cartaginés, de 7,6 g (Costa (2000: 97-98; Mora 2006: 34 y 2017: 29; Campo 2012: 39). Como bien señala Campo (2012: 29) esta referencia al shekel, aunque real, tiene el inconveniente de que 1/3 de shekel es una denominación atípica, ya que nos llevaría a considerar las piezas de 10 gramos como un shekel y ¼, y nuestras dracmas como 2/3 de shekel, lo cual no parece aconsejable. Parece lógico pensar que si estas emisiones son una contribución a la financiación cartaginesa de la guerra acuñara una denominación que estuviera dentro su marco metrológico, pues estaban pensadas para integrarse y circular con ellas, y las denominaciones que acuñaron (dracmas y hemidracmas) mantienen equivalencias fáciles de calcular. La datación de estas emisiones durante los años de la II Guerra púnica es segura y viene avalada por su presencia en bastantes tesoros de este período.

Por lo que respecta a las emisiones de bronce, se trata en todos los casos de denominaciones fraccionarias que muestran pesos con una amplia variación. El estándar de peso que siguieron las monedas de bronce parece oscilar entre ca. 10 g, en las primeras emisiones del siglo IV a.C., y los ca. 12 g en las del siglo I a.C., lo cual supone una reforma de mejora de las monedas. De acuerdo con este estándar, las monedas de bronce ternario (con una elevada proporción de plomo, G. Sinner 2017) corresponden a mitades, cuartos, octavos y dieciseisavos. El reducido valor de estas monedas, acuñadas en una época relativamente temprana y en el extremo occidental del Mediterráneo sorprende, porque refleja una importante monetización de la vida de los habitantes de la isla. Los hallazgos atestiguan que se utilizaron no sólo en ambiente urbano, sino también en las áreas rurales.

Las emisiones de Ebusus utilizaron dos diseños básicos, la figura completa del dios Bes y el toro. Esta homogeneidad dificulta sobremanera su ordenación y sistematización, pues obliga casi a realizar un estudio de cuños para asegurar las agrupaciones tipológicas. A lo largo del amplio período de acuñación estas figuras se muestran con diversas variaciones en cuanto su posición, actitud y estilo. En un principio, Bes mantiene una serpiente en cada mano para pasar después a la imagen tradicional, en una mano sostiene una serpiente y en la otra una maza. También la vestimenta es cambiante, entre la desnudez y formas diversas de faldellines. Lo mismo sucede con el toro, que en unas emisiones se muestra parado y en otras en marcha o embistiendo. Sólo en las emisiones del siglo I a.C. se introduce un tipo monetario nuevo consistente en una leyenda en dos líneas que ocupa todo el campo del reverso de la moneda.

La monedas de Ebusus fueron durante mucho tiempo anepígrafas, ya que aparte algunas letras utilizadas como símbolos, sólo a partir del siglo I a.C. se grabó una leyenda. Se dispone en dos líneas; en la superior se grabó  el nombre de la isla, en escritura púnica o neopúnica (en alguna ocasión se mezclan signos de las dos escrituras). En la línea inferior se ha identificado el numeral 50 (20+20+10), que se ha interpretado como una marca de valor, aunque no existe unanimidad a la hora de valorar su significado, ya que se ha considerado que podría estar indicando el número de piezas que contendría una libra romana (Villaronga 1975) o una equivalencia a un número de unidades teóricas menores, para la que se propone la posibilidad de que sea un agorat.

La dilatada producción y la repetición de los diseños explica la gran variedad de símbolos figurados y epigráficos para la identificación de las diferentes emisiones y, quizás, de las personas encargadas de las diversas fases de acuñación. El uso de símbolos se documenta entre las acuñaciones de plata de finales del siglo III a.C. y las de bronce de  los siglos II y I a.C., permitiendo valorar el volumen de producción de cada una de ellas.  Los símbolos de las monedas de plata, con Bes en el anverso y toro en el reverso,  son uno, cuatro y siete puntos, caduceo, cornucopia y flor de loto. En las emisiones de bronce del siglo II a.C., con Bes en anverso y reverso encontramos cuatro y siete puntos, una rosácea, un creciente sobre disco, cornucopia, el signo de Tanit, la flor de loto y diversas letras del alfabeto púnico, como las letras yod, ´aleph, mem, šin, het y gimel. También son numerosos los símbolos que acompañan a las emisiones del siglo I a.C., pues son más de veinte los que se han documentado, predominando en este caso las de carácter epigráfico, ya que a excepción del símbolo Tanit, el caduceo y la palma, el resto corresponden a letras sueltas o asociadas en grupos de dos (´aleph, gimel, mem, bet, šin, nun, qop, het, zayin y yod).

Las monedas de Ebusus tuvieron una amplia difusión por todo el Mediterráneo occidental, en especial la costa valenciana, catalana, sur de Galia, lugares con los que mantuvo estrechos contactos comerciales  Pero también hay que señalar que se han identificado transportes en bloque de moneda ebusitana, del tipo Bes en anverso y reverso, a la costa italiana de Campania, donde fueron bastante imitadas. También es seguro que viajaron en bloque hacia algunos puntos de la península Ibérica, como lo demuestra la existencia de repetidas reacuñaciones de monedas del tipo Bes y leyenda en reverso, como fue el caso de Arse, utilizada para los cuadrantes del tipo aiubas  y en Albatha, para el tipo Vulcano en anverso y toro en reverso.

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